martes, 25 de enero de 2011

Buñuel reta a duelo a un vasco que decía que Lorca era homosexual

Alguien vino a decirme que un tal Martín Domínguez, un muchachote vasco, afirmaba que Lorca era homosexual. No podía creerlo. Por aquel entonces en Madrid no se conocía más que a dos o tres pederastas, y nada permitía suponer que Federico lo fuera.

Estábamos sentados en el refectorio, uno al lado del otro frente a la mesa presidencial en la que aquel día comían Unamuno, Eugenio d'Ors y don Alberto, nuestro director. Después de la sopa, le dije a Federico en voz baja:
-Vamos fuera, tengo que hablarte de algo muy grave.
Un poco sorprendido, accede. Nos levantamos.

Nos dan permiso para salir después de terminar. Nos vamos a una taberna cercana. Una vez allí, le digo a Federico que voy a batirme con Martín Domínguez, el vasco.
-¿Por qué? -me pregunta Lorca.
Yo vacilo un momento, no sé cómo expresarme, y a quemarropa pregunto:
-¿Es verdad que eres maricón?
Él se levanta, herido en lo más vivo, y me dice:
-Tú y yo hemos terminado.
Y se va.

Desde luego, nos reconciliamos aquella misma noche. Federico no tenía nada de afeminado ni había en él la menor afectación. Tampoco le gustaban las parodias ni las bromas al respecto, como la de (Louis) Aragon, por ejemplo, que cuando, años más tarde, vino a Madrid a dar una conferencia en la Residencia, preguntó al director, con ánimo de escandalizarle -propósito plenamente logrado-: "¿No conoce usted algún meadero interesante?".

Fuente: recogido por Agustín Sánchez Vidal en "Buñuel, Lorca, Dalí: el enigma sin fin", Planeta.

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